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Diez años después de un único aporte de biochar, un viñedo seguía mostrando mejoras significativas en retención hídrica, fertilidad química y funcionalidad biológica del suelo [1]. Este dato, leído junto a la curva de adopción del biochar en el sector — cerca de 40.000 artículos científicos indexados en 2024 frente a apenas unas 200 ocurrencias en 2010, según Clarivate Web of Science [1] —, explica por qué en Regencert seguimos de cerca esta enmienda. Su pertinencia dentro de un proyecto de agricultura regenerativa certificada está consolidada, por lo que la cuestión operativa es cómo integrarlo correctamente.

La agricultura regenerativa certificada es el modelo de producción agraria cuyas prácticas de regeneración de suelos, biodiversidad funcional y secuestro de carbono auditan conforme a una norma normalizada. En España, la norma Regencert, articulada sobre los principios de las 7S, acredita que la explotación cumple esos requisitos con indicadores medibles y trazables. La medición y la auditoría son las condiciones que convierten la regeneración en un activo verificable.

El biochar no sustituye a un fertilizante ni resuelve por sí solo la degradación de un suelo. Es una enmienda basada en carbono estable. A continuación se detalla, lo que la literatura respalda y cómo encaja en un itinerario de certificación regenerativa.

El cuello de botella de los suelos agrícolas degradados

El suelo cultivado peninsular acumula décadas de pérdida de carbono orgánico, compactación creciente y caída de la actividad microbiana. Esa pérdida explica buena parte del aumento de dependencia de insumos externos y de la vulnerabilidad al estrés hídrico documentada en el sector. La fertilidad de un suelo se sostiene sobre tres dimensiones interdependientes (física, química y biológica) y es la fertilidad biológica la que sostiene a las otras dos. Un suelo cuya biología ha colapsado requiere dosis crecientes de insumos para mantener rendimientos decrecientes.

Cualquier intervención que aspire a revertir esa tendencia debe actuar de forma simultánea sobre las tres dimensiones, no solo sobre una. Esta es la razón por la que el biochar se ha consolidado como herramienta operativa, ya que estructura el suelo, retiene agua y nutrientes, y crea el nicho ecológico en el que la microbiota puede recolonizar.

Cómo se integra el biochar en una estrategia regenerativa

El biochar es carbón vegetal obtenido por pirólisis a partir de biomasa. 

El término correcto, en plural, es biochares (en español a menudo se usa indistintamente en singular y plural, pero existen muchas tipologías). Cada una tiene su propia huella analítica, con varios parámetros relevantes para su uso agronómico: la relación H/C orgánico, que refleja su estabilidad en el tiempo y debe ser inferior a 0,7 para uso como enmienda de suelo (es además criterio EBC para créditos de carbono asociados); la superficie específica (BET), indicador parcial de la porosidad y, por tanto, de la capacidad de retención de agua y nutrientes y de activación de la microbiología; la distribución de la porosidad entre micro, meso y macroporos junto con la carga química superficial, que determinan la calidad del nicho ecológico ofrecido a la microbiota y las vías de transporte de agua y nutrientes; el contenido de sal, criterio clave porque vuelve fitotóxico el material a dosis altas (los biochares con menos de 2-5 g/L se consideran seguros); el pH, para comprobar su compatibilidad con el tipo de suelo (básico o ácido); y la granulometría, que condiciona la eficiencia y abre distintas vías de aplicación (en mezcla con compost o estiércol, en biofertilizantes líquidos, en la red de riego, durante la siembra o la plantación). A estos se suman los contenidos de contaminantes orgánicos persistentes — hidrocarburos aromáticos policíclicos, PCB y dioxinas —, criterio base de inocuidad que todo productor debe poder acreditar: si la analítica no está disponible, el biochar no debería aplicarse en campo, ya que estos compuestos son muy persistentes y entran en la cadena trófica a través del suelo, la micro y macrofauna y las plantas, hasta llegar al consumidor final. Comparar un biochar de alperujo, naturalmente rico en sales por la propia naturaleza del residuo y por las aguas del proceso oleícola, con uno procedente de poda forestal sin tener en cuenta esos parámetros es un error técnico recurrente que ha invalidado estudios enteros en la literatura. La referencia europea de calidad es la certificación European Biochar Certificate, con clases escalonadas para uso agrícola general, producción ecológica y alimentación animal, entre otras.

En el campo, tres reglas de gestión concentran casi todo el resultado. La primera, activar siempre el biochar antes de incorporarlo a una parcela en cultivo. La vía recomendada es incorporarlo en una pila de compostaje cuanto antes — lo ideal es que la enmienda madure con el biochar dentro, no añadirlo a un compost ya terminado —, con un mínimo de un mes de maduración y aporte de agua para mantener la humedad y activar a la vez la microbiología y el material. Como alternativa más rápida, puede cargarse con un biofertilizante líquido inoculante. Un biochar crudo aplicado en directo puede provocar una inmovilización temporal de cationes — nitrógeno y otros nutrientes — mientras se carga. La segunda, posicionarlo cerca de las raíces, en los primeros 20-30 cm del perfil; al tratarse de un material altamente recalcitrante, no se redistribuye con la lluvia como una enmienda orgánica. Y la tercera, aprovechar su estabilidad para diseñar la fertilización a medida: si una parcela necesita 10 t/ha, se puede hacer un único aporte masivo y no volver durante años, o aportes anuales más reducidos hasta alcanzar el objetivo. La elección depende del presupuesto, de la dosis objetivo y del tipo de suelo.

Aquí entra un matiz importante de prudencia agronómica que conviene incorporar al diseño desde el principio. El nitrógeno total aparente del biochar es en gran parte recalcitrante y se libera solo muy lentamente: el producto no sustituye a un abono estándar; integra una estrategia más amplia. En suelos pesados, ya ricos en materia orgánica y bien estructurados, el efecto marginal a corto y medio plazo es más modesto en condiciones normales — del orden de un 5-10 % sobre un suelo que ya funciona próximo a su potencial —, aunque el biochar puede seguir aportando como buffer cuando el cultivo afronta estrés nuevos como la sequía estival o la compactación. En suelos arenosos, ácidos y degradados, en cambio, los efectos se manifiestan antes y de forma más nítida, como confirman los principales metaanálisis internacionales: Jeffery et al. (2017) documentan aumentos medios de rendimiento del 25 % en suelos tropicales pobres y efectos modestos en suelos templados ricos, con la máxima respuesta en suelos ácidos con pH inferior a 5 [2]; Bekchanova et al. (2024) confirman que en suelos arenosos el biochar aumenta significativamente la disponibilidad de N, P y K y la capacidad de intercambio catiónico, reduciendo la lixiviación de nutrientes [3].

Evidencias agronómicas

La porosidad estructurada del biochar explica su comportamiento en el suelo. Microporosidad inferior a 2 nm que retiene agua y nutrientes solubles. Mesoporosidad de 2 a 50 nm que funciona como vía de transporte y como nicho de colonización microbiana. Macroporosidad superior a 50 nm que estructura el perfil, evita encharcamientos y oxigena la rizosfera. Esta arquitectura, sumada a una capacidad de intercambio catiónico elevada y a una estabilidad medida en siglos, es la base agronómica del material. Las superficies específicas documentadas en biochares de alta calidad pueden alcanzar el orden de cientos de m²/g, multiplicando la superficie funcional disponible para la retención y para la actividad microbiana.

En olivar mediterráneo, los estudios experimentales de la última década en España, Italia y Grecia documentan mejoras coherentes en olivos adultos en régimen de riego deficitario. El estudio de Olmo et al. (2014) sobre vertisol del sur de Italia con biochar de poda de olivo documentó reducción de la compactación, aumento de la capacidad de retención hídrica y de los contenidos de N, P, K, Mg, Cu y Zn, con la consiguiente proliferación de raíces finas y aumento de rendimiento [4]. La variabilidad de resultados entre estudios es alta — depende de la dosis, el tipo de biochar, el suelo y la combinación con compost — pero el signo es casi constantemente positivo, con los mejores resultados cuando el biochar se combina con compost o se inocula, se aplica en suelos arenosos y se entierra a 20-30 cm de profundidad.

En viticultura, la revisión sistemática de Poly & Bois (2025), publicada en IVES Technical Reviews en el marco del proyecto PhysioVigne de la Universidad de Borgoña, sintetiza 17 publicaciones científicas internacionales con revisión por pares publicadas entre 2014 y 2024 [1]. La revisión confirma efectos positivos sobre fotosíntesis, crecimiento y estrés hídrico de la vid y, en el suelo, sobre carbono orgánico, NPK, biomasa microbiana e inmovilización del cobre con reducción de su ecotoxicidad — parámetro especialmente útil en los muchos viñedos europeos históricos donde los tratamientos con caldo bordelés han generado acumulaciones de Cu en el suelo. Los parámetros tradicionales de calidad de la uva y del vino — pH, acidez total, potencial alcohólico, antocianos, nitrógeno asimilable — no resultan alterados ni en análisis sensoriales ni químicos. El estudio a largo plazo ya citado, único en su categoría, verifica que diez años después de un único aporte los efectos sobre retención hídrica, fertilidad química y biología del suelo seguían siendo significativamente positivos, validando en la práctica la lógica de los aportes masivos espaciados en el tiempo [1].

En vivero de leñosos y en ganadería existen evidencias alentadoras. El proyecto experimental Carbón Emergente comparó en vivero de olivo un testigo de 100 % sustrato comercial de turba frente a una mezcla del 20 % de biochar con 80 % del mismo sustrato (B20/S80). Tras el trasplante a alveolo, la formulación B20/S80 superó al testigo de forma estadísticamente significativa en peso de tallo, hojas y raíces y en número de raíces, alcanzando la mayor longitud de brote, con una mejora notable sobre el testigo (36,74 ± 12,72 cm en B20/S80). El ensayo concluye que el biochar mejora de forma apreciable el crecimiento vegetativo del olivo durante su desarrollo en vivero, especialmente en la fase juvenil y con una dosis moderada en torno al 20 %, por lo que resulta recomendable como complemento. Estas indicaciones son coherentes con el resto de la bibliografía: la fase de vivero y el establecimiento son los momentos en que el biochar rinde más por cada euro invertido, con dosis bajas, posicionamiento dirigido y efecto temprano sobre el aparato radicular, mientras que en la gestión ganadera la combinación biochar-estiércol puede reducir la volatilización del amoníaco, fijar nitrógeno y fósforo y mejorar el ambiente del alojamiento.

De enmienda a indicador certificable: dónde encaja la norma Regencert

Conviene aclarar de entrada un equívoco frecuente. El carbono intrínseco del biochar no genera créditos de carbono a favor del agricultor: ese stock se contabiliza en la planta de pirólisis, donde se ha generado. Lo que sí hace, y aquí está su valor real para una explotación certificada, es mejorar de forma medible los indicadores que sí entran en los cómputos de agricultura regenerativa y de los esquemas de carbon farming:

  • Aumenta el carbono orgánico nativo del suelo a través de mayor biomasa, raíces y exudados radiculares estimulados por el biochar activado. 
  • Produce una reducción de las emisiones de N₂O y CH₄, siendo este aspecto muy destacado en el cultivo del arroz. 
  • Mejora la actividad y la biodiversidad biológica. 
  • Mejora la retención hídrica y reduce la erosión. 
  • Mejora la eficiencia hídrica y reducción de insumos químicos.

La auditoría conforme a la norma Regencert, articulada sobre los principios de las 7S, valora positivamente la aplicación de biochar por las propiedades anteriormente indicadas. 

El biochar es la intervención agronómica, mientras que la trazabilidad y los indicadores son los que la convierten en argumento certificable y en evidencia útil para el reporting CSRD, para cumplir con los marcos europeos de carbon farming o para responder a un banco que pregunta por riesgo climático físico. En Regencert articulamos el ecosistema regenerativo a escala internacional y trabajamos con productores que quieren convertir prácticas como esta en un activo medible dentro de su explotación.

Referencias bibliográficas

[1] Poly, N. & Bois, B. (2025). Applications of biochar in viticulture. IVES Technical Reviews, vine and wine. DOI: 10.20870/IVES-TR.2025.9286. Disponible en: https://ives-technicalreviews.eu/article/view/9286

[2] Jeffery, S., Abalos, D., Prodana, M., Bastos, A.C., Van Groenigen, J.W., Hungate, B.A. & Verheijen, F. (2017). Biochar boosts tropical but not temperate crop yields. Environmental Research Letters, 12, 053001. DOI: 10.1088/1748-9326/aa67bd

[3] Bekchanova, M., Campion, L., Bruns, S., Kuppens, T., Lehmann, J., Jozefczak, M., Cuypers, A. & Malina, R. (2024). Biochar improves the nutrient cycle in sandy-textured soils and increases crop yield: a systematic review. Environmental Evidence, 13(1), 3. DOI: 10.1186/s13750-024-00326-5

[4] Olmo, M., Alburquerque, J.A., Barrón, V., del Campillo, M.C., Gallardo, A., Fuentes, M. & Villar, R. (2014). Wheat growth and yield responses to biochar addition under Mediterranean climate conditions. Biology and Fertility of Soils, 50(8), 1177-1187.

«La agricultura regenerativa certificada es el modelo de producción agraria cuyas prácticas de regeneración de suelos, biodiversidad funcional y secuestro de carbono son auditados. En España, la norma Regencert de agricultura y ganadería regenerativa, articulada sobre los principios de las 7S, certifica que una explotación cumple esos requisitos.»

Preguntas frecuentes

P1. ¿Qué es la agricultura regenerativa certificada según la norma Regencert?

Es el modelo de producción agraria cuyas prácticas regenerativas, articuladas sobre los principios de las 7S, se verifican mediante auditoría conforme a la norma Regencert desarrollada por Agricultura Regenerativa Certificada SL. Bajo la dirección técnica de Pablo Ortigueira. La certificación acredita que la explotación cumple los requisitos sobre suelo, agua, biodiversidad y secuestro de carbono con indicadores medibles y trazables, entre otros.

P2. ¿Genera el biochar créditos de carbono directamente para el agricultor que lo aplica?

No en lo que se refiere a su carbono intrínseco: ese stock se contabiliza en la planta de pirólisis donde se ha producido. El agricultor mejora sin embargo indicadores como carbono orgánico nativo, retención hídrica, biodiversidad, reducción de N₂O y CH₄, eficiencia hídrica, entre otros, que entran en el cómputo de los esquemas de agricultura regenerativa y de carbon farming en el marco de la auditoría correspondiente.

P3. ¿Hay que aplicar biochar todos los años o basta con un único aporte?

Funcionan ambas vías. Un estudio a largo plazo en viñedo verificó que, diez años después de un único aporte, los efectos sobre retención hídrica, fertilidad química y biología del suelo se mantenían (Poly & Bois, 2025). La elección depende del presupuesto, de la dosis objetivo y del tipo de suelo, entre otros factores.

Autora: Pablo Ortigueira e Ilaria Atzori

Co – Autora: Morgan Thomas